domingo, 16 de septiembre de 2012

CRÍTICA: DESAFÍO TOTAL (2012)

Gélida y distópica fantasía que esconde una narrativa muy pobre

DESAFÍO TOTAL (TOTAL RECALL)
DIRECTOR: LEN WISEMAN.
INTÉRPRETES: COLIN FARREL, JESSICA BIEL, KATE BECKISALE, BILL NIGHY.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE. UU. / 2012  DURACIÓN: 121 MINUTOS.   
            
      Sólo el cine independiente parece mostrar cierta frescura a estas alturas del siglo XXI frente al estandarte de un Hollywood que como una vieja y oxidada fábrica repite conceptos e ideas sin el más mínimo encanto. Entre el batiburrillo de remakes, reboots, precuelas y secuelas se nos cuela esta DESAFÍO TOTAL, remake de aquella exitosa película –hoy de culto- que el director holandés Paul Verhoeven armó en 1990 teniendo a Arnold Schwarzenegger y Sharon Stone como inolvidable pareja protagonista. A mí Desafío Total siempre me ha parecido un film de ciencia ficción entretenido que sobre un relato del maestro Philip K. Dick tiene un ritmo ágil, una trama fascinante y unos gozosos efectos especiales. Ahora el mediocre de Len Wiseman se sitúa detrás de las cámaras para pergeñar esta lujosa y absolutamente innecesaria nueva versión que nos descubre un monótono guión firmado por Kurt Wimmer y escasas dosis de emoción.    

      Rekall Incorporated es una empresa que puede convertir los sueños en recuerdos reales, logrando que la línea entre realidad y memoria desaparezca. Douglas Quaid (Colin Farrel), es un trabajador de Colonia, que junto a la Unión Federal Británica es una de las dos superpotencias en que está dividido el mundo. Quaid ve en la idea de hacer un viaje mental que le otorgue recuerdos de una vida como superespía la solución ideal para huir de su aburrida existencia y las violentas pesadillas que le asolan, a pesar de estar casado con la bellísima Lori (Kate Beckinsale). El proceso sale mal en su fase inicial y el científico a cargo, McClane (Jhon Cho) le acusa de ser un espía encubierto, viéndose a partir de entonces perseguido por agentes de un estado totalitario. Incapaz de recordar nada, en su huida se asocia con una combatiente rebelde, Melina (Jessica Biel), que afirma haber sido su amante, con el fin de encontrar al cabecilla de la resistencia clandestina contra el gobierno, Kuato (Bill Nighy), e intentar desentrañar el misterio que se esconde tras su memoria borrada y luchar para lograr un cambio político en el planeta.  

      Nada queda en esta nueva versión de la chispa y el ritmo trepidante de la película seminal de Verhoeven, como casi todas las obtusas revisiones de clásicos que sufrimos, el inepto de Wiseman, mal director de actores, lo fía todo al look visual, la estética y la aparatosidad de un artefacto plano en su línea narrativa y hueco en el perfil de los personajes. DESAFÍO TOTAL es un experimento fallido que, lejos de una inventiva novedosa, se nos presenta como una película de acción más del montón (persecuciones, ruido, cambios frenéticos de planos), y lo que es peor, carente del eficaz sentido del humor de que hacía gala la peli original. Sin ninguna escena memorable para la historia, lo más sugerente de la función son las dos bellísimas y aguerridas protagonistas, a quienes Wiseman reparte equitativamente escenas para el lucimiento, en contraposición con un Colin Farrel muy soso e incapaz de dotar de matices al personaje que descubre con sorpresa su verdadera identidad y la mascarada vivida hasta ese momento.

       El abultado presupuesto se nota en el cuidado diseño de producción  y el despliegue deslumbrante de efectos especiales, pero el aficionado a la ciencia ficción sabe que este es, junto a la comedia, el género más complicado (y, por cierto, el más masculino), necesitado de argumentos solventes y una progresión dramática adecuada que, como es el caso, no puede quedar reducido a la mínima expresión de una persecución eléctrica o una huida sin fin. Me gusta especialmente la estética postpunk, la iluminación sucia y los cambios cromáticos, elementos congruentes para bañar una atmósfera pesadillesca y caótica como visión hiperrealista de los pudrideros humanos en que pueden convertirse las ciudades hiper-industrializadas en un futuro no muy lejano. Un recurso este que, como la persistente lluvia, nos remite a clásicos como Blade Runner, aunque algunos detalles y resonancias hacen que flote en el ambiente de volutas de Minority Report. Como conclusión: a los espectadores que se conforman con la cáscara (recreación de escenarios, efectos especiales, diseño de vestuarios, gélidas atmósferas distópicas), pueden que se sientan satisfechos con el espectáculo; a los que nos gusta degustar la nuez nos sentimos defraudados porque la imponente formalidad de todos esos elementos no vaya en consonancia con una sólida línea de diálogos, cierta coherencia narrativa y mucha más pericia en la construcción de los personajes.

      Coda: a pesar de las continuas masacres apenas hay sangre, otro síntoma más de los estériles y asquerosos tiempos que vivimos.

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